jueves, diciembre 30, 2010

Crónica del IV Simposio de Bandoleros en la Patagonia
"Homenaje a Don Raúl Cea"

Cien años después, descendientes de bandoleros, policías y vecinos de la región cordillerana que frecuentaron la cabaña de Butch, Sundance y Ethel, se reunieron en Cholila, para compartir historia de cuando los bandoleros anduvieron por allí, en el marco del IV Simposio de Bandoleros en la Patagonia.

Retratos del trío ubicados detrás de los expositores, fueron testigos de cada una de las aventuras que revivieron descendientes, historiadores y aficionados al tema en una mezcla interesante de sensaciones, no ajenas de picardía y muchos ingredientes de leyenda.

La previa del IV Simposio de Bandoleros comenzó en Boliche Viejo, ubicado en Nahuel Huapi, en la naciente del Limay, muy cerca de Bariloche. El boliche fue propiedad de Jarred Jones, y era el paso obligado de todos los viajeros. En los libros de almacén figuran las compras efectuadas por Ryan y Place, seudónimos con los que Butch y Sundance se hacían llamar en la región.

El boliche es el punto de partida de la Ruta de los Bandoleros, que con diversos sitios históricos que la jalonan, une dicho paraje con Río Pico, en plena cordillera chubutense.

El jueves 14 de noviembre de 2007 llegaron allí el sobrino bisnieto del Sundance Kid, Paul Ernst, y su esposa Donna, autora del libro “Sundance my uncle”; junto con los especialistas en la historia de Butch Cassidy, Daniel Buck y Anne Meadows de Washington; y el inglés Mike Bell, proveniente de Birmingham, Inglaterra.

El simposio, realizado en homenaje a la tarea de Raúl Cea, historiador cholilero cuyo padre conoció a los famosos bandoleros, se abrió con una muestra fotografíca a cargo de su hija, Inés Cea, y de Franco Pertini de Puerto Madryn.

La primera presentación (El sendero de Sundance, desde Pennsylvania a Cholila) fue la del sobrino bisnieto del Sundance, Paul Ernst, y su esposa Donna, quienes mostraron fotografías de la familia y exhibieron una exhaustiva búsqueda de documentos en varios viajes por los que desandaron los pasos de su antepasado.

El público presente se sorprendió cuando relataron que ellos descubrieron su vinculación familiar con el Sundance Kid recién siete años después de la película protagonizada por Paul Newman y Robert Redford. La revelación ocurrió en una cena en la iglesia del pueblo, cuando una señora se levantó de la mesa y le dijo al padre de Paul que no se sentaba en la misma mesa de familiares de un bandolero. Fue entonces cuando comenzaron a investigar y dieron con las cartas que el Sundance le había enviado envió a su hermana desde la Patagonia.

Mike Bell de Birmingham, quien se confesó obsesivo investigador de la historia desde los 13 años en que vio la película protagonizada por Paul Newman y Robert Redford. Mike expuso su investigación “The Winnemucca Bank Robery: Sundance tells the tale from South America”, basada en archivos de los diarios de la época e ilustrada con valiosas fotografías de archivo y de sus cabalgatas y viajes realizados siguiendo los caminos utilizados por los asaltantes.
Un artículo publicado por el periódico Buenos Aires Standard en 1912, da detalles del robo los que habrían sido brindados nada menos que por el propio Sundance Kid antes de su muerte en Bolivia. Estos datos le permitieron a Bell concluir que los autores del famoso robo del Banco de Winnemuca, Nevada, no pudieron ser otros que Butch Cassidy y Sundance Kid, lo cual no estaba totalmente probado hasta el presente.

El periodista y escritor de El Bolsón, Juan Domingo Matamala, expuso “Martín Sheffield, ¿un Sheriff, mito o leyenda?”, sobre los interrogantes que la tradición oral convirtió en leyenda sobre la historia del mítico Martin Sheffield, un muy atractivo personaje, colono norteamericano, arriero y buscador de oro, que llegó a la Patagonia diciendo ser sheriff en su país, algo que aún no puede ser probado; destacándose entre el público la presencia de un nieto de Don Martin, Carlos Sheffield.

Izq a Der: Carlos Sheffield, Mike Bell y Juan Matamala durante el asado ofrecido por la Municipalidad de Cholila.

Previo a la exhibición del documental de la productora ANIMA, se desarrolló la primer mesa redonda con Carlos Ferrari, el autor del libro “El riflero de Ffos Halen” y el historiador norteamericano Daniel Buck, los que intercambiaron visiones sobre las atractivas personalidades de estos personajes que hicieron que sus aventuras sobrevivan en el tiempo y se conviertan en leyendas que traspasan las fronteras.
La primera salida de campo fue a la legendaria cabaña de Cholila donde vivieron entre 1901 y 1905. El río Blanco bordea la cabaña custodiada por las montañas por detrás.
Descendientes de los primeros colonos de Cholila, el sobrino bisnieto del Sundance y los historiadores se divirtieron con hipótesis e historias mientras recorrieron entre anécdotas cada rincón del lugar.













Mike Bell y Donna Ernst (autora de Sundance My Uncle) posando frente a la cabaña de Cholila.

El segundo día de Simposio comenzó con la conferencia de la historiadora chilena Danka Ivanoff, de Chile Chico, Aisén, una tierra colonizada por chilenos que durante años vivieron en Argentina, la que no ha estado exenta del embrujo de la historia de los famosos. Muchos de los colonos de Aisén radicados en Lago Verde, Valle Simpson y Balmaceda, que llegaron en los albores del siglo XX, dejaron testimonios de la presencia de bandoleros yankis que Danka recogió en su trabajo “La Leyenda de Butch y Sundance en la Patagonia Chilena”, dando pie a lo que puede ser una historia real o una leyenda. Hay muchos testimonios que hablan de su presencia en la zona del lago General Carrera (Buenos Aires) y bien mirado este era un lugar ideal para esconderse. Danka concluyó que no puede aseverarse fehacientemente que Butch y Sundance estuvieron en su región, pero señaló que todavía hay demasiados cabos sueltos en esta historia, lo que le permite mantener la duda sobre el final de estos personajes y pensar de que efectivamente ellos estuvieron en el lugar, en una fecha entre 1908 a 1911, que es cuando sus rastros se pierden definitivamente en Aisén.


Nancy Humphreys (izq) y Danka Ivanoff (der), compartiendo unumpo de los. almuerzos del simposio

Continuó con la exposición Nancy Humphreys, quien presentó "La participación del Comisario Eduardo Humphreys, de la Colonia 16 de Octubre en los sucesos y sus consecuencias", un ferviente alegato en favor de su abuelo, Eduardo Humphreys, uno de los miembros más conspicuos de la Colonia Galesa del Chubut, y comisario de la Colonia16 de Octubre en la época de los bandoleros.

El objetivo de Nancy fue reivindicar la labor de su abuelo ante los acertos de algunos autores y filmes que sólo lo recuerdan como quien, por estar enamorado de Ethel, les avisó a los norteamericanos que eran buscados por el gobierno y debían escapar. Razón por la que habría renunciado a su cargo.

La autora de Calon Lan realizó una semblanza de la vida de Humphreys, su lucha ética en defensa de los derechos humanos de los aborígenes y los presos, situación que según su perspectiva, lo enfrentó con la posición de las autoridades nacionales, las que utilizaron la fuga de Butch Cassidy, Sundance Kid y su compañera Ehtel, como buen pretexto para tomar revancha y exonerarlo en lugar de aceptar su renuncia indeclinable. Pruebas sustraidas, preguntas sin respuestas sobre su actuación posterior ya sin el cargo oficial y sin cobrar sueldos, fueron esgrimidos por la nieta del ex comisario.

A su turno, Marcelo Gavirati, quien presento durante el Simposio la 3ra edición de su libro “Buscados en la Patagonia”, relató en su trabajo "Butch & Sundace: Fugitivos de la ley, y ¿también de la historia?" cómo, durante su investigación, fue hallando las pistas que lo guiaron tras los pasos de los bandidos: testimonios de los viejos pobladores, fotografías, mapas, construcciones, boletos de marcas, documentos públicos y privados, como registros y misivas, y el famoso expediente de más de 500 fojas, que hoy descansa en la caja fuerte de la Biblioteca Agustín Alvarez de Trelew.

Tal vez la revelación más impactante de Gavirati fue señalar la existencia de otra cabaña perteneciente a Butch Cassidy. Dicha cabaña, que se observa en las fotografías históricas, estaba ubicada detrás de la que actualmente se conoce, y según dijo el historiador madrynense, se habría removido de su ubicación original a otro lugar de Cholila.

Gavirati concluyó sobre la necesidad de conservar ambas cabañas, no sólo porque allí vivieron los bandoleros, sino porque además son parte del patrimonio histórico del Chubut, ya que fueron escenario del primero pedido de tierras de Cholila, residencia transitoria del gobernador Lezana y centro de reunión de pioneros galeses, ingleses, norteamericanos, chilenos y de otras nacionalidades que poblaron la región a principios del siglo pasado.

La segunda mesa redonda compuesta por el mismo Gavirati, el norteamericano Daniel Buck y Osvaldo Aguirre, escritor y periodista de Rosario, autor del libro “La pandilla salvaje” buscaron llegar juntos a conclusiones sobre porqué el trío abandona Cholila y vuelve al mundo del delito. Aguirre además cubrió el evento para el suplemento cultural del diario La Capital, de Rosario.

Para finalizar la segunda jornada, se exhibió el documental de la TV Galesa filmado en la región con muchos de los descendientes de los protagonistas y pobladores, emitido por esta cadena en 1999. El domingo la salida fue a El Bolsón, donde se almorzó en el Restaurante Martin Sheffield, y al Museo Leleque, ubicado en tierras de la Compañía de Tierras del Sud Argentino, con la que el trío comerciaba ganado y se abastecía de mercancía en su almacén de ramos generales.

Osvaldo Aguirre (2do izq), Daniel Buck y Mike Bell (der) en el Restaurante Carlos Sheffield, Carlos Ferrari (izq), Juan Matamala en la cabecera;

Martin Sheffield de El Bolsón. Donna y Paul Ernst (der), en Restaurante Sheffield.de El Bolsón.

El cierre de las exposiciones fue para la pareja de historiadores norteamericanos Daniel Buck y Anne Meadows, quienes narraron en su trabajo “The final days of Butch and Sundance: their life in Bolivia, 1906-1908” la historia de los últimos días de Butch y Sundance hasta su muerte en Bolivia, basándose para ello en testimonios de testigos que los conocieron, cartas de Butch fechadas en aquel país y hasta una fotografía de ambos bandidos cuando trabajaban para una compañía minera en el país del altiplano.

Anne Meadows, Dan Buck y la interprete Diana Visintini.

El encuentro concluyo con un foro del que participaron investigadores y participanes del evento que llegaron a Cholila de diversas partes del país y del exterior, concluyendo en general que cuantas más certezas se encuentran, más son las preguntas que surgen sobre una época no tan lejana y que mucho tiene que ver con todos los que habitamos esta región.

Asi concluyo el encuentro que conto con participantes de lujo, interesantes exposiciones y un clima de intercambio entre los diversos investigadores y participanes que seguramente se potenciará en el próximo Simposio.

Marcelo Gavirati, Daniel Buck, el Maestro de Ceremonias y Mike Bell

Izq a Der: Veronica y Carlos Ferrari, Diana Visintini, Juan Matamala, el representante de la Casa del Chubut en Buenos Aires y Juanjo Peres de Acampar, confraternizando durante el asado.

Luego de finalizado el evento, Paul Ernst, y su esposa Donna, recorrieron Esquel, Gaiman y Trelew, donde se alojaron en el Hotel Touring Club, a cuyos fondos todavía se encuentran las habitaciones en las que, en 1903, pernoctara su antepasado acompañado de la bella Ethel.

Al día siguiente pasaron por Puerto Madryn para cenar en el restaurante del Club Náutico Atlántico Sud, ubicado donde hace un siglo se encontraba ubicado el viejo muelle que utilizaron Butch, Sundance y Ethel en sus viajes.


Comité Organizador:
Jimena Marranghello: cholila_sur@hotmail.com

Marcelo Gavirati: gavirati@puertomadryn.com

Encargada de Prensa

Verónica Contreras, La Bitácora Patagónica

Más Información sobre el Simposio en

“Ruta de los Bandoleros”
Listado de Actividades
Programa de Actividades
Resumenes de las conferencias
Perfil de los Invitados

Exhibición y Venta de Libros Patagónicos de Patagonia Sur Libros

Entidades Organizadoras:
Municipalidad de Cholila
Centro de Estudios Históricos y Sociales de Puerto Madryn
Fundación Ameghino
Editorial La Bitácora Patagónica
Patagonia Sur Libros

Entidades Auspiciantes:
Secretaría de de Cultura de la Provincia del Chubut
Subsecretaría de Turismo y Areas Protegidas de Cultura de la Provincia del Chubut

Comité Organizador:
Jimena Marranghello: cholila_sur@hotmail.com
Marcelo Gavirati: gavirati@puertomadryn.com

Prensa
Verónica Contreras labitacora@speedy.com.ar
Pablo Gavirati pabloxv@hotmail.com

Colaboradores de la Organización
Mario Pazos: mariopazos2000@yahoo.com.ar
Diana Visentini: megadiana@gmail.com
http://dianavisintini.blogspot.com/
http://cassidy.blog.terra.com.ar/


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domingo, noviembre 19, 2006

Guillermo Monsalve

Comentarios, subjetividades, y suposiciones respecto de “Buscados en la Patagonia”

1. Los personajes: el enigma de Ethel Place: el personaje de Ethel Place contiene demasiados interrogantes, para la figura de una mujer que es pareja de uno de los integrantes de este dúo de bandidos.
2. Cholila: el refugio a orillas del Blanco: estética y orden rural Otro tema que merecería mayor estudio, es el referido a las mejoras introducidas en el campo del Blanco, las construcciones que edificaron, su equipamiento y manejo.
3. El cash flow de la Wild Bunch: la ruta del dinero. Si uno sigue al dinero, y no lo pierde de vista, siempre puede aclarar cualquier historia.
4. Códigos: ensayo en Telsen: los recursos de Ryan – Place, para 1903 comenzarían a indicar una alarma si la idea era continuar con el estilo de vida que les gustaba llevar, y, para colmo la riqueza del país en crecimiento los rodeaba.
5. Tarapacá, al estilo Wild Bunch: la autoría intelectual del robo, la visión del Tarapacá como objetivo para un golpe, la minuciosidad, aporte de logística y financiamiento, habla de la metodología y del know how de Butch y Sundance.


1) Los personajes: el enigma de Ethel Place.

Las descripciones de Ryan y Place, sus fisonomías, costumbres, historias personales de origen, niveles culturales y sociales, inclusión en el contexto de su época y una “modernidad” afín al advenimiento del nuevo siglo XX, época de profundos cambios a nivel mundial, habilidades rurales, conocimiento de armas y caballos, etc, los hace personajes muy concretos y creíbles, uno hasta puede evaluar la ética de sus actos, los códigos bajo los cuales operaban y sus conductas personales.

Las respectivas cartas, en dos momentos distintos de la historia, tanto de Butch como de Sundance, hablan a las claras del perfil de cada uno de ellos.

Sin embargo el personaje de Ethel Place contiene demasiados interrogantes, para la figura de una mujer que es pareja de uno de los integrantes de este dúo de bandidos.

Irrumpe en la historia de la banda en forma tan enigmática (se desconoce su origen, de dónde la “trae” Sundance a New York y cómo la “incorpora” al equipo) como se ausenta de la misma (Sundance la lleva de vuelta a San Francisco, se separan en USA, quizás debido a la infidelidad de Ethel con el inglés John Gardner......).

Lamentablemente, lo poco que se sabe de Ethel Place hace que su perfil no concuerde. Asimismo, resulta difícil cotejar sus habilidades para el manejo de armas y de caballos, poco compatibles con una persona de la cual se presume un origen de maestra de música o prostituta (o ambas actividades a la vez).

Las historias describen probados eventos de eximia puntería con las armas de fuego y destreza con los caballos (y ambas a la vez en ciertos pasajes del relato), a la vez que una proverbial capacidad como anfitriona y animadora social, fluidez y versatilidad para manejar el castellano, cortesía con los vecinos, etc.

Modestamente, considero que estas destrezas se obtienen únicamente siendo nacido y criado en el medio rural (por Ej.: Butch y Sundance nacieron y se criaron entre caballos, vaqueros, armas y gente de campo). Más aún, tampoco creo factible que Sundance y/o Butch fueran sus “maestros”.....cualquiera que pruebe montar a caballo con las riendas en la boca, a puro galope, y disparar a dos latas de cerveza verá que sólo en Hollywood esto resulta sencillo, esta destreza no se aprende de un día para el otro, y menos de adulto.

En el espectáculo del “Wild West” que William Cody paseó por el este de USA y luego llevó a Europa a fines del siglo XIX, principios del XX participaba cierta Calamity Jane, famosa tiradora del oeste que ejecutaba este tipo de destrezas...... obviamente Ethel no es Calamity Jane, pero una maestra usualmente carecería de pericia de armas y caballos a tal extremo y una prostituta no pasaría de manejar una pequeña Derringer de bolsillo, para administrar a algún un cliente “pesado”.

Pero Ethel Place maneja los Colts 44/40 de simple acción, los Colt sistema Browing, tira con Winchester y también cabalga con Sundance de apuro casi 700 km hasta Rawson (al mejor estilo de un correo de la Pony Express) cuando Butch es procesado por el affaire de Telsen,..... (Yo lo invito Gavirati a que galopemos juntos de apuro desde Cholila a Rawson, le garantizo que no llegamos a alcanzar el valle superior del río Chubut!).

Entonces ...... quién era Ethel Place? ...... cuando aparezcan más certezas de su origen podremos entender mejor la historia de este trío, dado que su incidencia y participación nunca fue secundaria en el período que integró el mismo.


2) Cholila: el refugio a orillas del Blanco: estética y orden rural

Otro tema que merecería mayor estudio, es el referido a las mejoras introducidas en el campo del Blanco, las construcciones que edificaron, su equipamiento y manejo.

Si la intención fue ocultarse en Cholila, pasar desapercibidos en los distantes valles cordilleranos del Chubut de principios del siglo XX, cambiar de estilo y de sustento de vida, etc, Ryan y los Place poseían como conjunto e individualmente un nivel personal y cultural superior a la media social (local y extranjera) residente en dicha zona para la época, inmediatamente contrastaron del resto por peso propio.

La descripción que hacen Cea y Capraro de la prolijidad de la casa, el equilibrio geométrico de su equipamiento, calidad de los muebles y decorados, la servicialidad de los anfitriones, en síntesis, el balance y la armonía del todo, habla a las claras de la voluntad por conformar una suerte de “establecimiento rural modelo”, el cual distaría y mucho de los primitivos asentamientos rurales de Cholila.

Si pequeños detalles hacen grandes detalles, el concepto de orden y balance, estético, método y organización, habla de un elevado grado cultural y social que, por ejemplo no lo poseyeron otros personajes de la historia, tales como Hood , Grice, Wilson, Daniel Gibbon, etc, pero sí quizás algunos prominentes miembros de la colectividad galesa sobre el Atlántico.

En una página web oficial del estado de Utah aparece una foto de la casa donde nació y se crió Butch, muy similar a las construidas en el Blanco, digamos en “estilo Rocallosas”.

La foto de Butch, Sundance y los Hammond tiene una distancia focal y un grado de apertura de foco que hoy no puede realizarse, dada otras construcciones posteriores que obstruyen la citada perspectiva, eso para mí fue un misterio de años. Viendo el plano descrito por Cea, veo que se hicieron posteriormente dos depósitos, uno de los cuales se superpone visualmente a la casa de Sundance y Ethel.

El libro me ha resuelto esta inquietud pero me ha traído otra: fíjese que a la derecha de la cabaña, en la foto general de grupo con los Hammond, aparece otra construcción, más pequeña y muy próxima a la vivienda de Sundance y Ethel.

Pues bien, esto no concuerda con el dibujo en planta que figura en el libro, según los relatos de Cea.

Todavía el plano de conjunto traería ciertas dudas.

La existencia de un túnel para escapar hacia la barranca del Blanco lo he escuchado de varios pobladores cercanos, pero nunca lo he podido comprobar.

Respecto del almacén de ramos generales que Capraro supuestamente les edificara, atendido por David Moore, creo que todavía está en pie sobre la ruta de entrada a Cholila, por la descripción que se hace es una construcción de ladrillo muy bien aparejado, con pilastras y mansardas a la vista, que siempre ha llamado mi atención de arquitecto.

Espero no estar errado, cuando vaya el mes entrante a Cholila le sacaré una foto al edificio en cuestión y se la enviaré para que Ud. la analice.


3) El cash flow de la Wild Bunch: la ruta del dinero.

Si uno sigue al dinero, y no lo pierde de vista, siempre puede aclarar cualquier historia.

Con buen criterio, todo puede resumirse en una simple ecuación de cash flow, con una curva de ingresos contrapuesta a una curva de egresos, todo balanceado sobre una hoja de papel.

La historia de Butch y Sundance no sería la excepción.

El aspecto monetario está tocado en el libro, podemos intuir que, si se estudiara metódicamente, y en profundidad (datos mediante), aportaría mayores certezas a la historia de los bandidos americanos.

Según los números del libro, la Wild Bunch cometió atracos en USA por unos U$S 200.000 de la época, equivalentes unos U$S 2.500.000 actuales.

Eso es mucho dinero para una banda de, promedio, cinco/seis individuos, que se refugiaba en las Rocosas y gastaba lo obtenido en los almacenes, bares y prostíbulos de Wyoming, Utah y/o Nebraska.

Cómo pueden gastarse dos millones y medio de dólares en juego, alcohol, mujeres, caballos y armas, provisiones y logística, etc, es ya de por sí un misterio.

O acaso había algo más en qué gastar en las Rocallosas de fines del siglo XIX?

Puede suponerse que, de vez en cuando, la banda iba a darse una mejor vida a las ciudades importantes de la época: New Orleáns, St Louis, o quizás más al este a New York,

Puede así y todo gastarse esa fortuna? Cómo lo gastaron entre 1896 – 1900?

Parecería que fuese posible que la gastaran, como por ej. sería hoy posible que una banda gastara dos millones y medio de dólares viviendo y jugando a lo grande en Las Vegas.

Si damos esto por factible, podríamos afirmar que, para 1901, las cuentas de la Wild Bunch precisaban de ingresos “frescos”.

Su último atraco registrado en USA fue al First National Bank de Winnemucca, Nevada, en 1901, donde, aparentemente, robaron los 30.000 dólares que Butch menciona en su carta, equivalentes (según la proporcionalidad indicada) a aprox. U$S 375.000.- actuales, cifra muy importante, pero no suficiente para resolver la economía de nadie para el resto de la vida.

Cuánto dinero de los U$S 30.000 de Winnemucca depositaron Ryan y Place en el Banco de Londres en Buenos Aires?

Qué poder adquisitivo (en bienes y servicios) tenía ese dinero en la Argentina de 1901? Cuánto tiempo podía vivirse con ese capital a principios del siglo XX en nuestro medio?

En 1901 el tipo de cambio, patrón oro, estaba a $ 2.27 por dólar, y los productos exportables como la lana se pagaba un promedio de U$S 2/10 Kg. , el cuero salado un promedio de U$S 0.20/Kg. y el kilo de novillo (imagino que vivo en pié de exportación) se pagaba un promedio de U$S 45/50/Kg.

Hagamos la cuentas de la sociedad Ryan - Place:

Ultimo ingreso en 1901 por 30.000 dólares.

A dichos 30.000 dólares le restamos la buena vida en NY (siempre fue una ciudad cara), reloj de oro de Tiffany incluido, luego restamos los pasajes, viáticos y estadía en Buenos Aires, luego restamos los pasajes y viáticos a Cholila, restamos las obras y mejoras en el campo, equipamiento incluido de las viviendas y enseres rurales, restamos los pagos en el almacén de Jones y en el almacén de la Cía. de Tierras del Sud, restamos la compra de animales para cría y caballos de raza a la citada Cía., restamos el viaje de Sundance y Sra. a USA para ver a la flía y la estadía de Butch en Buenos Aires (compras y diversiones incluidas) restamos el costo de la obra del almacén que les construyó Capraro, restamos el costo fijo mensual del campo (provisiones, peones, etc) más imprevistos, etc, etc, y nos preguntaríamos:

Cuánto más podían rendir los U$S 30.000 de Winnemucca?

Lo expuesto permitiría suponer que ya para 1903/4 las cuentas de la sociedad Ryan - Place no estaban bien, no obstante la prosperidad del campo, los buenos precios para el ganado (y lo poco o nada que había y hay hoy inclusive para gastar en Cholila y alrededores).

Es decir, el campo daría sus ingresos, se cubriría el costo fijo mensual operativo, y daría excedentes para reinvertir en mayores mejoras y más animales, pero no daría como para superar el aburrimiento de la bucólica vida de Cholila y viajar cada tanto a Buenos Aires, a USA y/o para darse la buena vida de prósperos ganaderos frente a los Jones, los Hammond, y el resto de los “buenos vecinos” al sur del Nahuel Huapí.

En la pp. 49 del libro se indica que, el 14 de agosto de 1902, Place, vuelto de la visita a los parientes en USA, cierra la cuenta en el Banco de Londres de Buenos Aires.

Para mí este dato no es menor. Y merecería mayor atención e investigación.

Uno (siendo Place) cerraría la cuenta bancaria cuando:

a) Desconfía del Banco
b) Se siente perseguido por los Pinkerton con el apoyo de la policía local
c) Precisa el dinero para comprar las tierras solicitadas al estado argentino
d) Los proveedores del Sur (Jones, la Cía., etc) no aceptan sus cheques y quieren que pague en efectivo porque le desconfían
e) Piensa en cancelar todo el proyecto de Cholila y volver a USA
f) Aparecen nuevas opciones de negocios en la cordillera, que requieren inversión de capital fresco.
g) Opta por depositar el saldo del botín de Winnemucca en un banco más próximo a Cholila, por ej. el Banco Nación en Trelew (sería seguro? La foto en el libro no indica mucha seguridad)
h) Ya no se justifica la cuenta en Buenos Aires, por distancia y saldo remanente, prefiere estar con el saldo líquido en su poder.

De todas las opciones descriptas de la a) a la g) ninguna coincide con la narrativa de eventos históricos descriptos en el libro.

La opción h) podría ser la apropiada:

Ryan y Place eran buenos atracadores de trenes y bancos pero no serían tan buenos administradores, vivían muy por encima de sus (abultados y esporádicos) ingresos, el saldo de la cuenta indicaría que la sustentabilidad del proyecto de Cholila podría verse afectado en el largo plazo.

Cotejar los extractos bancarios de la cuenta, los pagos realizados, el cash flow 1901-1902/3, aclararían mucho sobre esta impresión.

Cuál sería una “tesis posible” sobre los porqué del final del idilio rural en Cholila, etapa 1901 – 1903/4, como buenos hacendados y mejores vecinos?

El saldo en moneda inexorablemente decrece, no hay ingresos fuertes desde 1901, el cash flow se resiente, la curva de egresos aumenta, la única alternativa para sustentar el mito de “prósperos hacendados instalados en Cholila”, mirando ahora ya el largo plazo era volver al viejo oficio del delito .....


Pero esta vez con una nueva modalidad: Luego de visitar Gaiman y Trelew en 1903 Butch y Sundance optarían por no exponerse, por no actuar en forma directa (son muy conocidos en la zona) sino que decidirían actuar por medio de terceros: aparecen reclutados Hood y Grice, quienes serán la nueva generación, los nuevos operadores de los “retirados” jefes de la Wild Bunch, en definitiva los herederos del know how que les aportarán sus nuevos curadores y protectores.


4) Códigos: ensayo en Telsen.

Nadie conocía mejor la historia de Butch y Sundance que los propios Ryan y Place.

Uno no reniega de su origen y respeta los códigos de su negocio.

La decisión de robar en Argentina no debe haber sido fácil. Uno no roba dónde se oculta y menos aún donde ha (invertido y construido) una nueva y respetable identidad.

Pero los recursos de Ryan – Place, para 1903 comenzarían a indicar una alarma si la idea era continuar con el estilo de vida que les gustaba llevar, y, para colmo la riqueza del país en crecimiento los rodeaba.

La prosperidad de la colonia galesa, la opulencia de las poderosas estancias inglesas de la Cía.,, el run run de comentarios sobre arreos y ventas de animales, pagos a las estancias, remesas por producción de lana, las vetas de oro por localizar, el intenso movimiento comercial marítimo alrededor del Cabo de Hornos, la prosperidad de Río Gallegos y Punta Arenas, etc, etc , deben haber “movilizado” a Ryan y Place.

El dinero circulaba delante de sus narices y ya no lo podían dejar pasar.

La profecía de la carta del presidente de la Pinkerton al jefe de la Policía Federal podría comenzar a hacerse realidad.

En Marzo/Abril de 1903 presenciamos al trío de visita por la colonia galesa, trabando amistad con el Sr. Howard, gerente del Banco Nación en Trelew, volviendo a la conocida metodología de “aproximación a un posible objetivo de atraco”.

Resulta muy factible pensar que el trío evaluó este robo, pero, como Ud. bien comenta en su relato, dada la proximidad y nexos de la colonia galesa con los pobladores de los valles cordilleranos, perder la nueva identidad y posición alcanzada por un primer robo malogrado implicaba un riesgo extremo, imposible de correr.

Pero de la necesidad aparecería una vez más la inteligencia y la modernidad en Ryan y Place: le darían un giro al manejo del negocio del delito.

Pensar que Hood y Grice operaron por “cuenta propia” me parece una utopía.

Si los Newbery eran los “cónsules americanos” en Buenos Aires, Ryan y Place eran los “cónsules” representantes en Cholila.

Si se pasaba por Cholila, si se era persona importante o simplemente de origen norteamericano, se pasaba por el campo de Ryan y Place.

Hood llegó a Cholila bien orientado y asesorado. Y, coincidentemente, se alojó en el lugar indicado.

Si Hood perteneció a la banda de Black Jack los códigos del negocio no le eran ajenos. Y nadie robaría en el “territorio” de Ryan y Place sin el consentimiento de los “jefes y anfitriones”.

Sin embargo, debería considerarse que la segunda línea reclutada no estuvo a la altura de las circunstancias ya en el primer golpe de Telsen.

Si lo medimos por las consecuencias: Hood y Grice son arrestados pero logran escapar, de nuevos americanos llegados al valle de Cholila pasan a ser prófugos de la justicia, Ryan termina frente a la justicia en Rawson, el encubrimiento y la protección que Ryan y Place hacen de Hood y Grice, indicado por el comisario Humphreys, queda a la vista pública (no así la paternidad ideológica del atraco), en fin, todo el encubrimiento previsto se cae como un castillo de naipes.

La falta de pruebas hizo lo suyo y Ryan “zafa” de la Justicia de Rawson, la comunidad mira para el costado dada la calidad del vecino, pero el balance es marcadamente negativo para este primer acto, si lo medimos en la intención de no modificar el status de prósperos ganaderos y buenos ciudadanos ( a la vez que recaudar moneda fresca por medio de ilícitos para reactivar los ingresos).

Habría que buscar nuevos horizontes, más lejos del hogar, para nuevos “trabajos”.

5) Tarapacá, al estilo Wild Bunch.

El viaje de vuelta a casa, de Rawson a Cholila vía Valparaíso, pudo aportarles nuevos horizontes.

Si buen puede suponerse que un viaje largo de vuelta, para dejar correr el tiempo y el olvido era lo correcto luego de compadecer frente a la justicia en Rawson, parecería que el mismo fue bien aprovechado por el trío, con ojo bien entrenado.

Si pudiera investigarse y determinar que el vapor que los llevó de Madryn a Valparaíso hizo (casi con seguridad) escalas en Gallegos y Punta Arenas, si pudiera demostrarse que el trío bajó en Gallegos y en Punta Arenas, que extendieron la travesía manteniendo breves estadías para conocer estas prósperas ciudades de la ruta marítima del Sur antes de arribar a Valparaíso, podríamos inferir que el origen del robo al Banco de Tarapacá de febrero de 1905 comenzó a gestarse en el lugar de los hechos, quizás allá por Mayo/Junio de 1904.

Toda la autoría intelectual del robo, la visión del Tarapacá como objetivo para un golpe, la minuciosidad, aporte de logística y financiamiento, habla de la metodología y del know how de Butch y Sundance.

Nuevamente, pretender que Hood y Grice (ahora Brady y Linden) por ej. “refugiados y ocultos” al sur de Chubut o en Santa Cruz , llegaron a Gallegos e hicieron este trabajo por cuenta propia, reproduciendo viejas historias de la Wild Bunch contadas por Sundance, whiskys de por medio, en los juegos de póquer nocturno allá en la cabaña de Cholila, sería desestimar la inteligencia de Ryan y Place y sobreestimar (y quizás mucho) la habilidad y pericia de Hood y Grice.

Los jefes organizan, los subordinados ejecutan........ luego aprenden y harán su propia historia. Ya Hood, en su etapa Roberto Evans (1907-1911) tendrá oportunidad de demostrar lo aprendido con Butch y Sundance, al comando de su propia banda.

Sabemos que en noviembre 1904 el trío Ryan- Place viaja a Buenos Aires. Dónde se habrán reunido con los por entonces prófugos Hood y Grice? Es evidente que el contacto de éstos con sus mentores nunca se perdió post Telsen.

Sin embargo es Ethel Place quien parece ser la encargada de coordinar a Hood y a Grice, dado que no retorna a Cholila con Ryan y Place, precisamente para cuando Brady y Linden los “nuevos y prósperos ganaderos americanos” aparecen por Gallegos a fines de 1904, principios de 1905.

Luego, lo espectacular del robo habla por sí solo.

Si Allsop estuvo en lo cierto podría suponerse que Ethel no estuvo en Gallegos cuando el robo pero sí que quedó en Punta Arenas como apoyo logístico de Brady y Linden a la espera del escape de los bandidos (no hay otra fuga en la punta sur del mapa del continente que no sea vía Chile, repitiendo el viaje hacia Valparaíso) y como garantía de la parte del botín de Ryan y Place (o acaso iban a dejarlos “manejarse solos” a Hood y Grice, con el dinero en la alforjas?)

6) Final (prolijo y ordenado) del idilio en Cholila: Códigos de compatriotas americanos en el exilio.

Si hay que buscar al responsable del fin de la historia idílica de Ryan – Place en Cholila, no hay otro que el comisario Humphreys, quien sabe y habla más de lo que actúa, informa pero nunca procede, da las pistas en el caso de Telsen y ratifica sus dichos y supuestos para el caso del robo al Tarapacá.

Tanto Humphreys como Perry, luego Milton Roberts y los demás connacionales, e incluso los vecinos de Cholila de entonces y de hoy (Cea) y de la Colonia 16 de Octubre siempre operaron bajo ciertos códigos de “no obstante el pasado que traigan eso acá no cuenta”, “acá fueron buenas personas y vecinos”, “ningún americano detiene a otro americano en tierra extraña” (Humphreys siempre se manejó a medias), “la ley está lejos, allá en Rawson o en Buenos Aires, acá hacemos nuestra propia ley”, etc.

En la pp. 67 del libro Ud. indica que Perry y Sra. reconocen a Ryan como Butch Cassidy, pero no aclara pormenores o bajo que situación se da esa identificación.

Sin embargo hacen negocios juntos, e incluso se despiden de Perry al momento de partir de Cholila ....... mi comentario apunta a que, teniendo el trío Ryan – Place un nivel personal elevado, contando con el respeto de vecinos y connacionales operaron siempre esos códigos de tolerancia .... muy por encima de la ley.


Más aún, en el affaire del perro de la Sra. Hammond que entra con una mano humana en su boca, hecho que, no obstante sus distintas variantes de relato puede acordarse en su autenticidad, si bien no se sabe de quién era esa mano (creo que ni Di Maio ni otro detective Pinkerton “desapareció” en la Argentina, verdad?) puede suponerse que alguien, de la zona o venido de afuera, traspasó ciertos umbrales de seguridad y terminó formando parte del terreno del establecimiento rural del Blanco ...... y los vecinos afectados en esta historia callaron lo acontecido.

Si algo sorprende del final del capítulo de Cholila, es, nuevamente, lo “ordenado” de la partida: a) se saldan las cuentas (sería bueno saber a cuánto ascendían esas deudas para ver el estado financiero de Ryan y Place en este momento) b) se dejan instrucciones para peones y empleados, c) se venden las mejoras rurales, d) se deja un representante en la figura del inefable Daniel Gibbon para el manejo de bienes, personas y hacienda, e) se dejan cartas y notas para proveedores, amigos y vecinos, todo esto, aunque desde la clandestinidad muestra una holgada capacidad de maniobra y un consenso/tolerancia de la comunidad al respecto.

Entonces .... “escaparon” de Cholila? ....... o más bien pusieron fin a la operatoria en el Chubut debido a que el “tibio accionar” de Humphreys repercutió en Rawson más de lo esperado (incluso por el propio comisario)?

Llegó el dinero del Tarapacá de la mano de Ethel (o de Hood y Grice) a Ryan y Place al refugio del mallín?

Parecería que no, dado el apuro en negociar la venta de las mejoras del campo a la Cía. de Cochamó y por el hecho que Daniel Gibbon debió financiarles el viaje a Chile con un anticipo a cuenta de dicha venta.

Si esto es así, las finanzas de Ryan y Place seguían precisando de urgentes ingresos frescos en 1905.

Hood y Grice desaparecen. No hay más testimonios de contactos entre los subordinados con sus jefes luego del Tarapacá.

Place y Sra. retornan a San Francisco y Ryan va a Buenos Aires, financiándose (ambos) con lo cobrado a la Cía. de Cochamó en Santiago.

Sin embargo encontramos a la banda rearmada a fines de ese mismo año en Villa Mercedes para el golpe del Banco Nación del 19 de diciembre, esta vez con los jefes capitaneando la operatoria, es decir no habría “deudas pendientes” o “botín sin entregar/repartir” dado que los vemos nuevamente juntos a Butch y Sundance con Hood (y Grice).

Incluso Place retorna a Cholila con Hood para cobrar la venta de animales que Gibbon le hace a Perry, es decir toma el riesgo de ponerse a tiro de la policía del Chubut para ir a buscar ese dinero post robo en Villa Mercedes.

Es decir, todo dinero viene bien, nada sobra para moverse en la clandestinidad.

Entonces, finalmente ........ quién se quedó con el dinero del Tarapacá?

Acaso fue todo para Hood y Grice? O Ethel se llevaría una buena parte a San Francisco, cuando Sundance la “devuelve” para su “retiro” en USA?

Siguiendo la ruta del dinero se encuentra la verdad de la historia ......

7) Nuevos objetivos: Villa Mercedes, el target rural.

Otro dato sorprendente para la época de los eventos descriptos es cómo los personajes no pierden el contacto entre ellos, cómo coordinan, interrelacionan y planifican su accionar, no obstante moverse en grupo, en parejas, o en forma solitaria.

Sundance viaja con Ethel a San Francisco pero vuelve a Argentina (vía Santiago de Chile o quizás por el puerto de Buenos Aires), lo cual habla de un todo acordado en Chile con Butch previo al viaje.

Butch se instalaría en Buenos Aires y desde allí subiría, probablemente a Rosario, Santa Fe y hasta quizás Córdoba, arribando finalmente a Villa Mercedes.

Hay que estimar que por lo menos un miembro de la banda marcó el objetivo del Banco Nación de Villa Mercedes y planificó el golpe. Quizás sea factible que ambos socios recorrieran las ciudades separadamente (mucho más lógico, ya que, para esa época, estaban “profugados e identificados”) marcando el próximo blanco de acuerdo al target de la banda, a su modus operandi, etc, no perdiendo, mientras tanto, el contacto entre los miembros de la misma.

Es importante destacar que Butch y Sundance (por su cuenta, o vía terceros) siempre cometieron “robos rurales”. Su metodología, capacidad de maniobra, logística, etc, no les permitía por ej. asaltar en Buenos Aires, o en Rosario o en Córdoba capital.

De hecho no lo hicieron, ni siquiera en Trelew.

Eran asaltantes rurales, no urbanos, podían asaltar una sucursal bancaria de un próspero pueblo rural, pero no operar en una ciudad importante.

Nótese que hubo cierta desprolijidad y falta de recursos logísticos para cuando la policía empieza a cerrarles el cerco post Villa Mercedes, gracias al auxilio del telégrafo y los diarios de Buenos Aires; la huída a Chile vía Mendoza no les fue tan lineal ni sencilla.

No queda claro en el libro la cronología de eventos, pero parecería que el meeting de cowboys en el Campo de Polo de Palermo de 1905 (La Sportiva) fue anterior al robo en Villa Mercedes:

Si así fuese qué mejor lugar para un reencuentro de norteamericanos que dicho evento, imagino a Butch y Sundance reencontrándose con Hood y Grice, (siempre on line con los jefes) , luego los cuatro en viaje rumbo a Villa Mercedes ...... el resto es historia, las características del robo hablan otra vez del accionar de la banda a pleno, es otro Tarapacá (esta vez al comando de los jefes) y una vez más aparece el tema del cash flow (y cuánto rinden los golpes), luego del robo se tienen dos nuevos años de calma, Hood desaparece, Grice desaparece aún más que antes (y para siempre), ambos logran fugarse vía Chile y Butch ya estaba camino a Bolivia (también vía Chile) para cuando Sundance se junta por última vez con Daniel Gibbon en Cholila .......


El affaire de las detenciones en Neuquén pereciera no corresponder a los bandidos, aunque la similitud de personajes (dos hombres y una joven mujer americanos, etc, etc) da mucho para pensar, sin embargo, podría tratarse de una proverbial coincidencia, es más creíble el golpe a manos de Butch, Sundance, Hood y Grice (con Ethel retirada en USA).

Habría tantos americanos dando vuelta por la Argentina profunda y rural de principios de siglo?

8) Final de juego. Sin rumbo en Bolivia.

Podríamos afirmar que, sea porque la información de la etapa boliviana no es tan rica ni tan fluida como la del período de Cholila, sea porque los personajes ya están más crecidos, o porque su experiencia en Sudamérica ya tiene historia (y desgaste), etc, lo concreto es que los personajes de Butch y Sundance se notan más dispersos e incoherentes en su accionar.

El fracaso de Cholila, la conveniencia (y el forzoso aislamiento) de no volver a Argentina por un largo tiempo luego del asalto en Villa Mercedes, el recuerdo de los amigos, la lejanía del Altiplano con la Patagonia y sus amigos, los parientes en USA (Ethel?), la falta de dinero importante para materializar los anhelos personales, todo esto estaría trabajando negativamente en el ánimo de los bandidos.

Si bien siguen con sus metodologías habituales, juntos o separados buscan trabajo con contratistas mineros o del ferrocarril (de ganaderos prósperos en Cholila a empleados de minería en el Altiplano hay una significativa pendiente descendente), siguen las rutas del dinero de las principales Cías explotadores del Altiplano, etc, la narrativa de los eventos nos muestra que el dúo no logra hacerse de los recursos necesarios para establecerse como ganaderos/agricultores en Santa Cruz de la Sierra, tal cual sus deseos por recrear las intenciones fallidas del proyecto de Cholila.

Pero lo más decepcionante de esta etapa devaluatoria de Butch y Sundance es el planeamiento de golpes dentro del mismo territorio donde se encontraban trabajando (Tupiza, etc), es decir, se encontrarían relativizando su experiencia de años y tomando riesgos muy serios.

Dos gringos americanos asaltando bancos o remesas serían fácilmente identificables en Bolivia, mucho más que en Patagonia (donde siempre hay amigos y/o conocidos para apoyarlos o encubrirlos).

Por tal motivo, la laxitud y desprolijidad en la operatoria del atraco a la remesa de la Cía. Aramayo es relevante, dejan libres a las personas, se internan hacia el Norte de Bolivia, carecen de un efectivo plan de escape, el telégrafo les cierra el cerco, hay una falta total de previsibilidad, etc.

Parecería que el dúo planifica poco e improvisa sobre la marcha.

Luego, el final frente al ejército en San Vicente deja las intrigas respecto a la confirmación de los cadáveres, aunque acorde a lo expuesto por el libro podría ratificarse en un 99% que se trataría de Butch y Sundance.

No queda claro en la historia quiénes eran Frank Murray y Ray Walters, detenidos por el robo de la Cía. Aramayo.

Dejo esta intuición respecto del final de los bandidos:

Sorprende el hecho que ambos estuvieran heridos en los brazos, sería demasiada coincidencia que los cuerpos de los dos bandidos estuvieran heridos por las balas del ejército en sus extremidades.

Creería que las relaciones personales entre Butch y Sundance no estaban bien, creería que hubo una disputa interna, originada en cuestiones personales de años ha, la mala faena del golpe a la Cía. Aramayo y sus consecuencias, la mala racha que los perseguía, el mal ambiente y el mal ánimo interpersonal, etc, todo esto con independencia de la emboscada del ejército, y que, de hecho, imprevistamente, se desencadenaría entre ellos una catarsis de ajuste de cuentas internas (Ethel Place?) ( o las típicas de desgaste acumuladas durante años en la relación entre socios?) previo al enfrentamiento final con el escuadrón.

El problema no consistiría en enfrentar al escuadrón, lo podrían haber hecho, tenían la experiencia, capacidad y las armas para hacerlo. No olvidemos que en lo suyo, cuando querían, eran temiblemente profesionales, podrían haberse batido contra el escuadrón boliviano entero, infundirles temor y/o respeto, y, hasta quizás haber sorteado el cerco de la emboscada.

En definitiva, el escuadrón Abaroa dio el marco para el desenlace, pero no protagonizó el mismo, a diferencia del “ajusticiamiento” que haría años después la policía fronteriza de Gebhard en Río Pico con Wilson y Evans.

El temperamental Sundance tiene una bala en la frente, y varias en sus brazos seguramente propinadas por Butch, luego Butch se aplicaría un tiro en la sien tras liquidar a su socio.

Es decir serían “balas gringas” las causantes del desenlace, no “balas bolivianas”.

Es un final demasiado áspero, cruel, y conflictivo.

Lamentablemente no sabemos qué “cuentas pendientes” habría entre estas dos personas.

Aunque, seguramente, esas cuentas, existirían.

9) Roberto Evans, sin códigos :

La historia de Roberto Evans y su banda, es decir, la vuelta de Hood a Cholila en 1907 y toda su campaña hasta 1911 es de una notable riqueza, y merece un comentario aparte.

Es que precisamente su accionar ratificaría la suposición que, previamente Hood actuaba bajo las órdenes y códigos de Ryan y Place, y no por su cuenta, ya desde Telsen hasta Villa Mercedes.

Porque cuando Hood (ahora Evans) estuvo al mando otros fueron los códigos imperantes, corrió la sangre en la Patagonia, tanto en la Casa Lahusen como en la Cooperativa de Arroyo Pescado, se secuestró a Ramos Otero (quien salvó milagrosamente su vida, su final era previsible), incluso se ajustició Andrew Duffy miembro díscolo de la banda , etc, Evans junto a Wilson y los nuevos americanos llegados a Patagonia impusieron un accionar temerario, muy distinto a la operatoria y modos de Ryan y Place.

A esto debe sumarse la tolerancia y complacencia de los Humphreys, Roberts, Gibbons, etc,. quienes, sea por miedo, por respeto o por indolencia, lo concreto es que les cedieron a Wilson y Evans el territorio y la iniciativa para su accionar delictivo.

Otro aspecto muy interesante de la historia es el accionar de Mateo Gebhard y “su” policía fronteriza, un verdadero capítulo de anticipación histórica respecto a cómo se resolvía desde el Estado la represión, en este caso la correspondiente a bandoleros, asesinos y ladrones de ganado.

Luego se conocería en Patagonia la propia metodología del Ejército, para cuando las revueltas sindicales en las estancias ovinas de Santa Cruz y Tierra del Fuego.

Gebhard inaugura en el territorio una policía con “mano dura”, y “métodos ejecutorios propios” más aún cuando el propio Gebhard detecta la laxitud de los tribunales de Rawson.

Si la gestión se mide por los resultados, Gebhard puso orden donde los Humphreys, Roberts, Gibbon, etc, no “quisieron ni pudieron”.

El final de Wilson y Evans no fue precisamente una detención.

Más bien debería encuadrarse como un ajusticiamiento, por fuera de los procedimientos policiales (acorde al relato no existió la menor intención por detenerlos), independientemente de los cargos que ambos personajes debían ante la Justicia.

lunes, octubre 30, 2006

Marcelo Gavirati.
Cómo escribí Buscados en la Patagonia.
Las andanzas de los bandoleros norteamericanos en nuestra Patagonia de principios de siglo fueron recogidas por numerosos relatos de viejos pobladores y reproducidas a través de la tradición oral. Viejas familias patagónicas como los Hammond, los Gibbon, los Freeman, los Pugh, los Hahn, atesoran recuerdos y anécdotas de los mismos a través de relatos retransmitidos por sus mayores. Pero fue sin duda, don Raúl Cea, el mayor cultor de su memoria, a través de los vívidos recuerdos que le transmitiera su padre, don Maunel J. Cea, quien siendo un jovencito de pocos años conociera a los bandidos.
La historia de los bandoleros también nos llegó en forma escrita a través de varios artículos aparecidas en diarios y revistas de la época, no sólo en nuestro país, sino también en los EE.UU. ¿Quién no conoce en Patagonia la saga de Caillet Bois editada en el Número especial Bodas de Plata del periódico Esquel en 1950?
La famosa película realizada por Holywood en 1969, protagonizada por Paul Newman en el papel de Butch Cassidy, Robert Redford en el del Sundance Kid y Katharine Ross en el de la bellí­sima Ethel Place —aunque en la película se la rebautizó como Etta—, catapultó al trío a la fama con un halo de simpa­tía, desenfado y romanticismo.
Pero en la versión cinematográfica de la Fox, cuando Butch, Sundance y Ethel , deciden abandonar los EE.UU. para burlar el cerco tendido por sus perseguidores, se los hace viajar directamente desde Nueva York hasta un ignoto pueblito boliviano, ignorándose por completo su paso por la Patagonia.

En la década del '70, a favor de la fama internacional alcanza­da por el film, algunos artículos periodísticos trataron de echar luz sobre el cono de sombras, y de dudas, en el que Hollywood había sumido al paso de los famosos bandoleros por la Patagonia, basándose en aquellos viejos relatos, los que, con el correr del tiempo y la desaparición de los últimos testigos contemporáneos a los hechos, se iban tornando borrosos y en muchos casos contradicto­rios entre sí. La historia se les deshilachaba entre las manos y era muy difícil armar las piezas del rompecabezas.
Al llegar a Patagonia en 1994, nos interesamos por el tema a raíz de una investiga­ción sobre la obra del explorador, geógrafo e ingeniero galés, LLwyd Ap Iwan, el que fue asesinado el 29 de diciembre de 1909, durante el asalto a la Compañía Mercantil de Arroyo Pescado, cometi­do por los bandoleros norteamericanos William Wilson y Roberto Evans, los que para algunos autores no son otros que Butch Cassidy y Sundance Kid.
Decididos a averiguar si esto era así, nos pusimos en contacto epistolar con Daniel Buck y Anne Meadows, investigadores independientes, residentes en Washington, U. S. A., dos de los mayores especialistas en las andanzas del trío en América del Norte y del Sur, y autores de numerosos artículos sobre el tema.
Ellos nos proporcionaron la pista acerca de la existencia de un expediente sobre Wilson y Evans, el que habían tratado infruc­tuosamente de conseguir. Según me contaron el expediente había sido salvado por el juez federal Godoy de la fogata a la que fueron a parar buena parte de los archi­vos de la justicia federal de Rawson durante la década del 70, por la orden insensata de funcionarios superiores de la dictadura militar que gobernaba al país.
Si bien Godoy lo había salvado de la hoguera, podría decirse que durante los veinticinco años siguientes el valioso expediente había estado técnicamente perdido, pasando peligrosamente de mano en mano, ya que el juez Godoy lo había prestado al Dr. José Romero, un conocido abogado penalista de Trelew, quien a su vez se lo había facilitado a Giuliani, un periodista del diario Jornada, y éste a su vez a otro colega.
Movidos por el deseo de develar el mito, decidimos continuar la búsqueda iniciada por nuestros colegas norteamericanos y después de algunos meses de viajar a Trelew, golpear puertas y efectuar llamados, dimos finalmente con el expe­diente "perdido", al que pudimos tener acceso gracias al mencionado Dr. Romero.
EL EXPEDIENTE
El expediente en cuestión se había originado en el año 1911 a raíz del secuestro del estanciero Lucio Ramos Otero a manos de otros do bandidos norteamericanos que habían actuado en Patagonia: Roberto Evans y William Wilson, acompañados por el argentino Mansel Gibbon.
Al cuerpo principal del expediene se habían agregado otros dos expedientes: el originado por la muerte de Wilson y Evans y el iniciado por la querella presentada por Ramos Otero. El conjunto había llegado a contar más de quinientas cuarenta fojas, las que leímos con la avidez que producía nuestra curiosidad y la inquietud de estar frente a una fuente que podía resolver el misterio de estos enigmáticos personajes.Para nuestra suerte, al avanzar la lectura descubrimos que los sumariantes de la Policía Fronteriza habían ampliado la pesquisa acerca del accionar delictivo de Wilson y Evans en 1911 y retrotraido la investigación hasta la llegada al país de Butch, Sundance y Ethel en 1901.
Ante nuestros incrédulos ojos fueron apareciendo testimonios sobre Butch Cassidy y el Sundance Kid, hasta encontrarnos, para nuestro asombro, con algunas cartas escritas y firmadas de puño y letra por el primero de éstos.También pudimos comprobar que el grueso de la valiosa información, fundamental a la hora de recrear este capítulo de la historia de la Patagonia, permanecía inédita, como si hubiese pasado inadvertida para sus circunstanciales poseedores, durante los veinticinco años en que el expediente estuvo "perdido".
Hicimos una copia del mismo y se lo envíamos a Dan y Anne en Washington, los que no salían de su sorpresa al recibir el voluminoso envío, parte del torrente de información que corrió desde entonces entre Washington y Purto Madryn.
Durante los años que siguieron al hallazgo del expediente, fuimos incorporando otros documentos, muy importantes también. En el IAC (Instituto Autárquico de Colonización y Fomento Rural de la Provincia del Chubut) hallamos los pedidos originales de tierra; en el Archivo General de la Nación, encontramos el expediente sobre la exoneración del Comisario Eduardo Humphreys, acusado de haberle facilitado la huida a Butch Cassidy y el Sundance Kid; en el Archivo de la Provincia del Chubut pedidos de marca de ganado firmados por el Sundance Kid; en el del Museo de la Policía del Chubut libros de partes diarios; en los archivos de la Compañía de Tierras Sud Argentino varios libros y correspondencia comercial en la que aparecían sus relaciones con la citada compañía.
La investigación fue completada con diarios y revistas de la época, relatos transmitidos en forma oral que recogimos en entrevistas realizadas a descendientes de protagonistas o testigos directos de la historia y la visita de cada uno de los sitios en los que estuvieron los bandidos.
Movidos por la curiosidad y la necesidad de compartir información organizamos en 1997, 1999 y 2005 los Simposios sobre Bandoleros Norteamericancos en la Patagonia, en Esquel, Trevelin y Buenos Aires, respectivamente. http://webs.advance.com.ar/gavirati/3er_Simposio.htmEn ellos participaron, Daniel Buck y Anne Meadows de Washington, Raúl Cea de Cholila, Ricardo Vallmitjana de Bariloche, Héctor Garzonio de Esquel, Osvaldo Topcic de Río Gallegos, Danka Ivanoff Wellmann de Chile Chico y Clemente Dumrauf de Trelew.
Con muchos de ellos hemos trabado amistad y continúa fluyendo información por nuestro continuo interés en resolver los entretelones de esta leyenda. Es por ello que iniciamos este blog para poder conectarnos más fluidamente y dar lugar a su vez a otros interesados en la historia de las bandoleros norteamericanos en la Patagonia de comienzos del siglo XX.
Marcelo Gavirati
autor de Buscados en la Patagonia
http://webs.advance.com.ar/gavirati/Buscados_Patagonia.htm